Cuando llegué a El Salvador, me introducieron a los profesores, a los aprendices y también a mi traductora, Ana Marina Figueroa. Todo mundo quería saber qué pensaba de su país y si me gustaban las pupusas. No puede estar en El Salvador por mucho tiempo sin darse cuenta de que la pupusa es la comida preferida del país. En aquel moment, no pudo responder a la pregunta, pero al terminar la noche, había cenado pupusas. Un consejo: Si puede, ¡debe encontrar un restaurante salvadoreño y probarlas! Son sabrosas.
Mi experiencia con el español es el siguiente: tres años de estudio en el colegio y un poco de práctica con la gente de la comunidad latinoamericana durante un proyecto de mi iglesia en Houston. Afortunadamente, puedo entender el español, especialmente cuando me hablan lentamente, y en algunos casos, puedo comunicarme. Cuando llegué, pensé que debería haber estudiado y repasado más para prepararme para el viaje.
Toda la gente que conocí era cortés, simpática y amable. La familia de Nelly compartió su casa conmigo y me trató como familia. Ana Marina fue una combinación de traductora y profesora de español durante el curso.
Los doce aprendices eran corteses y pacientes, y al final de la semana habíamos mejorado nuestras habilidades bilingües. Comenzábamos el día por tocar todas las piezas del Libro 1 porque muchos profesores habían visto la música por la primera vez sólo unos días antes.
Los libros y las grabaciones Suzuki no están disponibles en español y tampoco tienen distribución en América latina. En Norteamérica, los asistentes prospectivos de los cursos tienen que grabar una audición en video para poder tomar el curso de capacitación. Además, deben memorizar los materiales antes del comienzo del curso. En Latinoamérica, la audición de video no es requerida, pero cada participante tiene que tocar todas las piezas de memoria para el professor para aprobar el curso y poder registrarlo.
Los jovenes estudiantes de guitarra en El Salvador no tenían experiencia con las clases en grupo antes de asistir al festival. Se acostumbraron rapidamente a los juegos y el mejoramiento de su técnica. Su actividad preferida fue el juego de postura. Tenían que poner jugetes plásticos en la guitarra y también en los cuerpos y tratar de mantener su posición para que nada cayera. Un día por la tarde, estaban muy estusiasmados de hacerlo y querían sacar una foto de la actividad.
Aunque su mejoramiento durante la semana fue impresionante, cuando tuvimos el ensayo final de todos los grupos combinados, fue de mal agüero. Parecía imposible hacer que todos los niños se pusieran derechos y prestaran atención. Claro que todos los adultos (sus profesores, sus padres y yo) querían que parecieran disciplinados y bien ensayados durante la función. Al final del ensayo, pensé que todo mundo entendería que fue el primer año y sus habilidades de interpretación y representación mejorarían con el tiempo.
